El domingo 5 de mayo iniciamos nuestra excursión hacia el centro poblado de Lauramarca. La mañana estaba cubierta por una densa neblina y hacía un frío intenso. A lo lejos vimos las pequeñas siluetas de los niños corriendo por las colinas. Eran las 6:00 a. m. cuando llegaron 16 estudiantes, acompañados por un padre de familia. También se encontraba presente su docente tutor. Los estudiantes pertenecían a la institución educativa “Señor de la Exaltación”, del primer año de secundaria.
Era evidente la emoción en sus rostros mientras abordábamos el autobús para emprender el viaje hacia el Valle Sagrado.
Nuestra primera parada fue en Saqsayhuamán, donde nos dimos cuenta de que era la primera vez que estos estudiantes visitaban este complejo arqueológico. Bajaron del autobús llenos de entusiasmo, mientras nuestro guía observaba con alegría la emoción con la que iniciaban esta experiencia.
Luego visitamos Q’enqo, donde los estudiantes prestaron mucha atención a cada explicación del guía. Escucharon con interés las historias del lugar, revivieron momentos importantes de la historia y realizaron numerosas preguntas que enriquecieron la visita.
Más tarde llegamos a Puka Pukara, cuyo nombre significa “Fortaleza Roja”. Allí, el guía explicó el significado del nombre del sitio arqueológico y compartió con los estudiantes la historia y el valor de este lugar. Después de una mañana llena de actividades, disfrutamos de un desayuno compuesto por pan chuta y un delicioso chocolate caliente para recuperar energías.
Tras el desayuno continuamos hacia Tambomachay, ubicado aproximadamente a 8 kilómetros al norte de Cusco, muy cerca de Puka Pukara. Este sitio arqueológico estaba dedicado al culto del agua y se cree que fue un lugar de descanso para el gobernante del Imperio Inca. También es conocido como los Baños del Inca.
Tambomachay está formado por una serie de acueductos, canales y cascadas que recorren las rocas. Uno de los aspectos que más sorprendió al grupo fue conocer que, a partir de una cascada principal, los incas construyeron dos caídas de agua secundarias exactamente iguales, lo que permitía llenar dos recipientes al mismo tiempo. Esta explicación despertó la admiración de todos los estudiantes.
Alrededor de la 1:00 p. m. llegó la hora del almuerzo. Les preguntamos qué les gustaría comer y todos respondieron que querían pollo. Al preguntarles por qué lo deseaban tanto, respondieron:
“Casi nunca comemos pollo y, cuando lo hacemos, es solo en fechas especiales.”
Así que disfrutaron del almuerzo que tanto esperaban.
Después de comer, nos dirigimos a Pisaq, donde nuestro guía explicó cada detalle de su impresionante paisaje y de la historia que alberga este importante complejo arqueológico.
Al finalizar el recorrido, todos regresaron al autobús. Uno por uno, los estudiantes expresaron palabras de agradecimiento y nos dijeron que nunca olvidarían esta experiencia.
Finalmente llegamos a su comunidad, agradecidos por haber podido acompañarlos durante esta jornada. Nos despedimos entre sonrisas, risas y recuerdos que permanecerán con nosotros por mucho tiempo.